
La alabanza tiene un asombroso poder para sacarnos de nuestro interior tan sensible y enfermo. Nos libera de la satisfacción y de la necesidad de llamar la atención, nos brinda la fascinante experiencia de entrar en el misterio de Dios lleno de luz. Cada día de esta novena adoramos a Dios de una manera distinta y le pedimos la gracia de alabarlo y asombrarnos ante su presencia.